miércoles, 30 de mayo de 2012

DE MIAMI A NEW ORLEANS

Mi sobrina María Luisa me ha llevado a un "Moll", que es como llaman aquí a nuestras "grandes superficies". Es donde se concentran todo tipo de tiendas y supermercados, lo que me aclara por qué no vi ningún tipo de negocio para el público por las calles de Miami.

Comemos en un restaurante cuyo nombre he visto desde la ventana de mi habitación y que luce un estimulante título: "The red crab". Sirven unas raciones de cangrejo espectaculares, pero con escaso sabor.

Después de la siesta, que no perdono ni en los USA, María Luisa me lleva a conocer su casa, que me recuerda a las que se ven en las películas americanas, con sus aceras de cesped, muchos árboles perfectamente alineados y un gran confort en el interior de la vivienda. Son tres personas de familia, cada uno con su correspondiente coche, su teléfono y su computador.
 
Las atenciones de mi sobrina y de su encantadora hija Cristina han sido estupendas. El miércoles 10 Cristina me lleva al aeropuerto para que pille el avión de American Airlines a New Orleans. 

Mientras espero la salida de mi vuelo, se me ocurre que estos yankees no suministran ningún alimento durante el vuelo, a pesar de que sale a la una de la tarde, así que me disparo una ración de pizza y una coca cola pequeña en una cafetería del aeropuerto. La pizza tiene medio kilo  de queso y la coca cola es como de a litro.. No puedo terminar con ninguna de las dos.



La salida del vuelo se retrasa una hora debido al mal tiempo, según nos indican muy amablemente. Al final se deciden a despegar y, al rato, nos encontramos con una tormenta de mucho cuidado. El capitán nos tranquiliza diciendo que está buscando un hueco entre las nubes y que espera aterrizar pronto  en nuestro destino. El aparato se mueve como una coctelera y las nubes son cada vez más negras. Pienso que me ha llegado la hora y me consuelo recordando que he pagado el billete con la Visa y que, en caso de terminar la cosa como estoy temiendo, al menos le caerán cien millones a Maite.

Una hora después de sobrevolar el tornado (si, era un tornado fetén), el piloto consigue colar el avión por un huequecito, dejándonos sanos y salvos en el aeropuerto de New Orleans.

Finalmente estoy en la cuna del Jazz y me dirijo al hotel Royal Sonesta, donde mi hija me ha reservado habitación.


Hotel Royal Sonesta

El hotel está estratégicamente situado en Bourbon Street, en pleno corazón del barrio francés donde la animación y la movida son permanentes. Salen ritmos de jazz por los numerosos locales que proliferan por toda la calle y aledaños. Gentes de múltiples razas y extrañas vestimentas pululan por la zona, comiendo y bebiendo en enormes vasos de cartón. Negros gordísimos bailan por la calle al ritmo ensordecedor de tambores, trompetas y baterías, seguidos por grupos de turistas que bailan al son que les tocan.
La calle es peatonal de 8 de la noche a 6 de la mañana y facilita que la pachanga sea permanente.




Mi habitación está totalmente insonorizada y no voy a tener problema para dormir. La enorme cama king size ocupa casi todo el espacio e invita a un descanso placentero. Mide cuatro metros de anchura y tres en canal.

Nos ha invitado a cenar Pepe, mi ex yerno, a Maite y a su colega Eva en el "Antoine", uno de los más famosos restaurantes del lugar, cuyo cartel puede verse en la siguiente foto:


Después de cenar salimos a recorrer Bourbon Street y nos vamos encontrando a varios grupos de médicos españoles que asisten al Congreso y que se encuentran aquí como pez en el agua. Maite y Eva se unen a uno de esos grupos y yo decido irme a dormir ya que el "jetlag" está haciendo mella en mi anatomía.

Como mi organismo sigue despistado con el cambio de horario, a las cuatro de la madrugada estoy totalmente despierto. Acudo al recurso de la televisión y me encuentro con noticias alarmantes: los americanos están enviando fuerzas militares al Golfo Pérsico y se disponen a bombardear Irak. Parece que nos encontramos en situación parecida a 1991 y no termino de comprender para qué sirvió esa guerra. Ya veremos.

Mañana es el gran día de la conferencia en el Convention Center.

4 comentarios:

  1. Qué bonitos edificios los del Hotel y el Restaurante. Lástima que en el resto del Mundo se los hayan cargado.
    Creo que en Usa residen los gordos más gordos del Mundo, tal como señala.

    Esas pachangas de músicos callejeros me recuerdan a las pelis aquellas en que iban cientos de personas bailando y tocando jazz en los funerales de los importantes. Qué bonitos funerales aquellos.

    Creo don Bwana que Ud. y yo coincidimos en varias costumbres : en la siesta aunque caigan bombas nucleares alrededor, y en el poco entusiasmo por los diversos y variados "ruídos" a los que llaman música.

    Me encantaría visitar Nueva Orleans y en especial Baton Rouge.

    En esas tierras carecen de sabor lo que los gabachos denominan "FRUITS DE LA MER o délicieux assortiment de crustacés y une queue de homard de 5-6 oz, crevettes géantes grillées."

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    1. Así se ven por el barrio francés: cinco o seis gordos haciendo ruidos con trombones, trompetas y tambores, y gentes que se van uniendo a la pachanga detrás de los músicos. Estoy de acuerdo con Vd. sobre la calificación de ruidos, aunque unos molesten más que otros; por ejemplo, esa cosa modelna que llaman rap es insoportable para un oído normal.
      Mañana mostraré más ejemplos de esa arquitectura típica del French Quarter.
      Hay honrosas excepciones con respecto a ciertos sabores; las ostras que me sirvieron en Bourbon Street estaban deliciosas. Y no digamos los cangrejos gigantes del mar de Bering que disfruté en otro viaje a Miami.

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  2. A mí también me gustaría ir a New Orleans pero me echa para atrás el avión.
    De momento hay que planificar un fabuloso viaje a San S. para finales de junio.

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    1. Olvídese de New Orleans, hay demasiada humedad hoy en día.
      Muchas ganas tengo de ir a San Sebas., se lo aseguro.

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