viernes, 11 de mayo de 2012

EFECTOS COLATERALES

Al tener la representación fiscal de empresas extranjeras surgió la posibilidad de suministrar otro tipo de servicios, si así lo requerían los clientes. No era cosa de rechazar ofertas que podían aumentar los ingresos con facilidad.

A finales de 1979, cuando ETESA estaba consolidada, recibí la visita de representantes de Boldon Drilling Ltd., de Aberdeen, Escocia. Shell España los había contratado para efectuar un sondeo de exploración en Brihuega, Guadalajara y otro en la provincia de Soria, donde los geólogos suponían que había petróleo.

Brihuega

Además de la representación fiscal  necesitaban una serie de servicios de logística para el personal que iban a traer desde Gran Bretaña.
Acordamos que ETESA se ocuparía de lo siguiente:
--Buscar alojamiento y suministro de comida para el personal durante los tres meses que duraría el trabajo.
--Contratar el transporte de personal desde el pueblo hasta la zona de perforación.
--Seleccionar personal local para trabajos no técnicos
--Preparar la documentación oficial de nóminas, seguros, etc.
--Alquilar unas caravanas  en el lugar del sondeo para el personal de guardia.

Encontré a una señora en Brihuega que llevaría la nómina y que, además, era propietaria de unos apartamentos que alquilò al personal de Boldon. El transporte lo realizaría una empresa del alcalde, de forma que estábamos bien cubiertos oficialmente. Las comidas las contraté en el único restaurante que había en el pueblo y fueron la parte más complicada por los horarios a que tenían que adaptarse para alimentar a los diversos turnos de trabajo. Se me ocurrió que el tema de las caravanas podía suministrarlo ETESA, por lo que adquirí un par de ellas que se las alquilé a un precio que me permitía recuperar la inversión en 4 meses.
En fin, todo se puso en marcha a satisfacción del cliente, pese a algunos problemas con el personal que se solucionaron enseguida. Los empleados que había traído Boldon del extranjero eran los típicos petroleros, recios,  acostumbrados a trabajar duro y a los turnos nocturnos. Pronto recibí quejas de la propietaria de los pisos pues un par de éllos habían llegado con unas copas de más y los del turno anterior no les habían dejado las llaves, por lo que abrieron la puerta a patadas. Se solucionó el asunto con una puerta nueva a cargo de Boldon. Otro incidente se produjo cuanqo los empleados que habíamos contratado localmente decidieron convocar una huelga por considerarse en desventaja en comparación con los extranjeros. Tuve que trasladarme a Brihuega porque la señora de las nóminas no podía con el asunto. Tras una reunión con los obreros logré que Boldon les concediera algunas de sus peticiones y desconvocaran la huelga.

Lamentablemente ni las prospecciones en Brihuega ni las posteriores en Soria fueron positivas y Salvessen abandonó España después de cobrar a Shell España. También pagó religiosamente mis honorarios, por supuesto.

En mi despacho de Castelló recibí la visita de tres curiosos elementos que representaban a la compañia norteamericana OTI (Oilfield Technical Inpections), especializada en revisión de los tubos de "casing" (que se van introduciendo en el pozo a medida que avanza la perforación)



Uno era el director, un texano clásico de mediana estatura y aspecto hippy. El segundo, también de los USA, era el representante de la compañía en Inglaterra y fue el menos hablador de los tres. Y el tercero, un español, Joaquín Esteves, nacido en Guinea, que era el operario jefe y había trabajado en el petróleo en diferentes países. Tengo la impresión de que el texano me suponía un gran jefe local, pues al escuchar a Joaquín dirigirse a mi como Don Bwana, no paraba de llamarme Don. Supongo que pensaba en alguna relación con la mafia.

Me ofrecieron el siguiente negocio:
--OTI estaba haciendo trabajos de inspección de tuberías en Marruecos y tenía dificultad en cobrar las       facturas (algo no extraño en ciertos países). También hacía trabajos en España para ENIEPSA.
--ETESA recibiría los partes de trabajo de Joaquín y haría la facturación al cliente, recibiendo una comisión sobre el importe de la factura.
--OTI facturaría a ETESA desde Inglaterra y ETESA efectuaría el pago por la vía normal, una vez descontada su comisión.

Acepté el encargo con la condición de que ETESA no pagaría hasta no cobrar de sus clientes.

Los contratistas que encargaban a ETESA su representación fiscal me llevaron a establecer contactos con las compañías exploradoras de petróleo que, en esa época de auge de la actividad en España, se encontraban presentes en varias zonas del país, principalmente en el Mediterráneo. Por tal razón, pronto me relacioné con Repsol, Chevron, BP, Union Texas, Phillips, Cepsa, Shell España y Esso Exploration, entre otras. En las dos últimas ya tenía buenos contactos  interiores por mi amistad con Erasmo López y con mis antiguos compañeros de la ESSO. (ahora EXXON)



En julio de 1981 los directores de British Petroleum en Madrid me pidieron que fuera a sus oficinas principales en Londres para explicar a sus directivos financieros el funcionamiento de la legislación española respecto a los impuestos de no residentes. Estuve un par de días allí, coincidiendo con la boda del príncipe Carlos con Diana, a la cual boda no fui invitado, por cierto.

Entre tanto, Shell España me pidió que les creara un manual de procedimientos contables, tarea en la que conté con la inestimable ayuda de Erasmo. Se trataba de un trabajo bastante largo para lograr tener por escrito toda las instrucciones que emanaban de la dirección y que el director financiero, Mr. Brenner, consideraba de vital importancia. De tal manera que pronto me vi sumergido en una variedad de trabajos que me absorbían totalmente.

Como  los ingresos eran abundantes,  resolví comprar una oficina más adecuada que el viejo local de Castelló. La encontré en un sitio ideal, el paseo del Pintor Rosales, con la ventaja de estar al lado de la salida de Madrid hacia la A-6, desde donde llegaba a Monteclaro sin tener que meterme en el tránsito del centro. La nueva oficina tenía un despacho impresionante que decoré adecuadamente, preparando el terreno para los clientes que se avecinaban.


Al terminar los manuales de procedimientos de Shell, una afiliada minera, Billiton Española, me encargó un trabajo similar para sus actividades mineras. También recibí un encargo de Mr. Brenner, el director financiero de Shell para realizar un estudio sobre los costos de los servicios que prestaban a sus afiliadas, desde el staff, en comparación con los precios que cobrarían empresas independientes. Esta última actividad me hizo viajar a Las Palmas de Gran Canaria y a Tarragona por cuenta del cliente. Terminé este trabajo en un mes, obteniendo unos números que daban la razón a Mr. Brenner, por lo que fui efusivamente felicitado y gratificado. Soy un firme partidario de esa máxima de que "el cliente siempre tiene la razón".

jueves, 10 de mayo de 2012

AUGE EMPRESARIAL

Mi marcha de SESA no se trataba de una decisión temeraria aunque lo parezca. Dejar un buen empleo a los 52 años era cosa de pensárselo bien. Ya había empezado a realizar alguna incursión por fuera de la compañía, asociándome con un par de compañeros de trabajo que dirigían ETESA, una pequeña empresa de asesoramiento contable y de tesorería.
También había tenido una entrevista con el director de ASFIN,  importante organización de asesoramiento fiscal y administrativo que me ofrecía trabajar en su empresa.
Pero lo que me decidió a tomar ese camino fue la informacón que recibí de mi buen amigo Erasmo López, para entonces interventor de Shell España, sobre la nueva reforma fiscal que exigía a las empresas extranjeras sin establecimiento permanente en España, que nombraran un representante fiscal. Ese tipo de empresas trabajaban mucho en nuestro país durante  esa época, sobre todo en la industria de exploración y producción petrolera.
Sin haberme ido todavía de SESA, ya tenía un cliente británico, Southern Geophysical Consultants,  que daba servicios a Shell en el campo petrolífero de Amposta.
Compré las acciones de mis socios en ETESA, modifiqué su objeto social y me instalé en la calle Castelló, casi esquina a Goya.  Un empleado de SESA y una secretaria, ambos trabajando por horas, constituían todo mi personal.
Un cliente me recomendó a otro y así, sucesivamente. Al cabo de varios años había representado a más de  cien empresas extranjeras relacionadas con le exploración y producción petrolera.

Mi gran fortuna fue que, durante  los años 70 y 80, hubo una actividad muy importante  en la exploración petrolera en España. Se pensaba que los yacimientos  del Cercano Oriente y del Mar del Norte, frente a las islas británicas, estaban comunicados por una veta que pasaba por Argelia y que debía cruzar el subsuelo español, por lo que se hicieron muchas prospecciones, algunas exitosas, como las de Ayoluengo y  la costa de Tarragona,  yacimientos de gas natural en Sabiñánico en Huesca, en el Cantábrico, etc..

¡Petróleo en Ayoluengo!

La plataforma Casablanca, frente a Tarragona

¡Petróleo en el Mediterráneo!

El año 1979 me recibía con la aventura más importante de mi vida. Por primera vez me encontraba sin el respaldo de un sueldo mensual, enfrentado a los avatares del mercado de servicios donde la competencia es feroz. Como cada vez que he realizado un cambio,  contaba con el beneplácito de Maite, dispuesta siempre al apoyo incondicional a mis ideas y mis planes.

Los escasos ingresos que recibía de la antigua clientela de ETESA las fui complementando con mi colaboración con ASFIN. Uno de los trabajos más interesantes que realicé con éllos fue el análisis de la situación de Galerías Preciados, empresa que, como es sabido, fue absorbida por El Corte Inglés.

En otra ocasión me enviaron a una misión imposible en Montoro (Córdoba).para solucionar los problemas de una productora de aceite de oliva.
La fábrica de Montoro había sido abandonada por sus propietarios y sólo quedaba un empleado que actuaba como gerente, además de los obreros que vivían  dentro del terreno en que se encontraba la almazara, en unas casas construídas por la empresa. También había una enorme mansión que solían habitar los propietarios y que estaba al cuidado de una pareja que se ocupaba de atender a los visitantes. La casa era preciosa, con todas las comodidades modernas y una decoración típicamente andaluza con  patios interiores, biblioteca y un salón de juegos con una mesa de billar. La situación de la empresa era muy crítica en el momento de mi visita pues no había fondos para pagar los salarios del personal ni para comprar las indispensables aceitunas para poner en marcha la almazara ya que los proveedores no habían cobrado los suministros de la campaña anterior.  Había mucha tensión en el personal y la cosa tenía muy mala pinta. La única posibilidad de obtener fondos  era proceder a la venta de unas existencias de carbón que, según me informaron, estaban en el almacen de un general del ejército, retirado y que había sido secuestrado por los Grapo. Volví a Madrid sano y salvo, una vez gestionada la suspensión de pagos de la empresa.
Mi colaboración con ASFIN  terminó pronto porque los clientes que iba captando en ETESA empezaban a copar todo mi tiempo.
El trabajo de la representación fiscal era sencillo, una vez enterado de la Ley de Hidrocarburos y de los convenios internacionales para evitar la doble imposición fiscal firmados por España. La factura del cliente por los servicios prestados a Shell o a cualquier otra empresa petrolera, se presentaba en la Delegación de Hacienda mediante un modelo 210 en el que hacía referencia al Convenio Internacional correspondiente que eximía del pago de impuestos españoles. Una vez conformado por Hacienda, se enviaba  a la empresa contratante para el pago de la factura al proveedor. ETESA recibía un porcentaje sobre el valor de la factura o una cuota mensual si se trataba de un cliente con gran actividad en España.
La competencia de ETESA era, principalmente, las grandes firmas de auditoría que prestaban el mismo servicio a sus  clientes. Mi ventaja era que yo gestionaba personalmente la presentación de los papeles en Hacienda, mientras que las empresas de auditoría delegaban esa función en  personal subalterno. Éso de ir casi todos los días a Hacienda se convirtió en algo rutinario.
Pronto tuve que contratar a una secretaria bilingüe, panameña por cierto, que había trabajado en Johnson & Johnson, más un contable a tiempo parcial. .

La cosa no podía ir mejor: clientes abundantes, todos buenos pagadores. Ante semejante panorama ¿quién se preocupa por los aconteimientos políticos del momento, de trabajar demasiadas horas  o de no tomar vacaciones?

miércoles, 9 de mayo de 2012

¡VIVA LA INDEPENDENCIA!

Durante el año 1977 habían mudado las oficinas administrativas de SESA a un edificio de la calle Ortega y Gasset, donde estábamos mucho más cómodos y alejados de los conflictos laborales de la fábrica. Nuestro trabajo se complicaba cada vez más por el exceso de información que nos pedían desde Bruselas, donde estaba la ITT Europa, las exigencias de auditores de todo tipo (internos, de ITT Europa, externos).

Propuse al Interventor, Manuel Ramos, la formación de un departamento de simplificación de procedimientos que permitiese modernizar nuestra area. Aunque tenía ya esa responsabilidad dentro de mi puesto, no podía dedicarle la atención debida por la carga de trabajo rutinario, reuniones con auditores, etc.
Se aprobó la idea y escogí a los 6 empleados más eficientes que tenía para formar el nuevo departamento, al que también incorporaron la función de entrenamiento de  personal.

No voy a contar detalles de los trabajos que llevamos a cabo, baste con señalar que una de las cosas que logramos fue la cancelación de los contratos de alquiler de 25 locales diseminados por toda España que la compañía no estaba utilizando.

Cuando se presentó la oportunidad de un retiro voluntario para empleados mayores de 50 años, estimulado con una buena gratificación, decidí acogerme al mismo y presentar la dimisión, alegando que mi departamento hacía honor a su función de simplificación de procedimientos y nos retirábamos del escenario, una vez cumplida nuestra misión. Uno de mis ayudantes se hizo cargo de un  diario nacional; otro encontró un cargo importante en el Ministerio de Industria y un tercero pudo dedicarse, a tiempo completo, a su trabajo en el PP. Los restantes fueron transferidos a otros departamentos de SESA.

Antes de mi marcha de Standard, todavía tuve la suerte de aprovechar un curso de entrenamiento en Suiza, al que me acompañó el director de auditoría, Silvio Lazzerini. El curso, dirigido por personal del departamento de entrenamiento de ITT Europa, se celebraba en el complejo de Burgenstock, en una montaña a orillas del lago de Lucerna, un lugar precioso con unas vistas maravillosas y en medio del típico paisaje suizo, plagado de vacas. Se iba en avión de Madrid a Zurich y desde allí por tren hasta Lucerna, donde se tomaba una especie de ferry hasta la base de la montaña, a la que se subía por un tren de cremallera. Aquí van unas cuantas fotos del lugar:

El precioso tren de cremallera de Burgenstock


Las típicas vacas del lugar, campando a sus anchas a pesar de los desniveles



Más vacas, disfrutando del precioso panorama


El hotel donde se celebraba el curso es el primero a la izquierda


Burgenstock estaba constituído por tres residencias, una de éllas el Gran Hotel, donde nos acomodaron. El curso trataba sobre relaciones humanas y pronto nos vimos sumergidos en un mar de dudas. Los instructores nos dijeron que el curso lo llevaríamos enteramente nosotros y que éllos no iban a intervenir. Algunos de los participantes que provenían de varios países europeos se sintieron muy molestos cuando, al tratar de hacer alguna pregunta a cualquier supuesto instructor, obtenían la callada por respuesta. A los dos días me dice Silvio:
-Bwana, he descifrado el significado de este curioso curso. Cada uno de nosotros debe hacer lo que le plazca, así que yo voy a dedicarme a conocer los alrededores del lugar en tu compañía, que es la mejor que encuentro dentro de las disponibilidades.

Acepté de buen grado la sugerencia de mi amigo y nos pusimos en marcha hacia Lucerna, una bonita ciudad limpísima, donde no circulaban coches por el centro, ya que el ayuntamiento suministraba unos autobuses eléctricos gratuitamente a quien tuviera que desplazarse por la zona. Estuvimos comiendo muy bien y haciendo la digestión paseando por la población hasta tomar, por los pelos, el último ferry hacia Burgenstock.

La bonita ciudad de Lucerna, en el lago del mismo nombre


Otra vista de Lucerna, con el famoso puente de la capilla al fondo

Terminado el curso, estuvimos un par de días en Zurich, hospedados en el hotel Sheraton (de ITT, of course) y recorriendo la ciudad donde por cierto, se nos iban los ojos en los escaparates de las incomparables joyerías tan abundantes en esta urbe.

Cuando nos preguntaron en Madrid qué tal era el curso, ambos coincidimos en calificarlo de excelente y muy recomendable contra el estrés.

martes, 8 de mayo de 2012

DE PASEO

En agosto  de 1976, para celebrar mi "medio cupón" (50 primaveras)  tomarnos unas vacaciones fuera de España a bordo del Mercedes. El plan era salir por La Junquera, recorrer el sur de Francia hasta Marignane, donde pensábamos saludar a los Balfagón, que tanto cariño me demostraron en mi infancia. Luego subiríamos hasta Suiza, después a Alemania y regresaríamos por Bélgica, luego París, San Sebastián, Bilbao y, fnalmente, Madrid.

Como tengo la buena costumbre, siempre que voy a salir  en coche a un recorrido largo, lo  llevé  a revisión en el concesionario. Esta vez al principal, la Mercedes Benz que está cerca de Barajas.
Para ahorrar un poco en el duro kilomeraje que nos esperaba, tomamos el tren a Barcelona Maite, Elvira, Ana y yo y el Mercedes. Una vez recogido el coche en la estación, me puse al volante y nos dirigimos a la frontera. Paramos un buen rato en Rosas para darnos un chapuzón en su bonita playa. Me gustó tanto que, durante un instante, pensé en cambiar los planes y quedarnos allí el resto de las vacaciones. A pesar del aviso de  mi sexto sentido, reanudamos el viaje, tomando la autopista hacia Nimes.

De repente escucho un ruido extraño en el motor. Resuelvo tomar la primera salida que veo  y que nos lleva a Lunel. Allí me presento en un taller mecánico en solicitud de ayuda, pues el coche ya no hace ruido, se ha parado completamente. El mecánico me comunica que se trata de una avería gorda y que debo dejar el coche en el taller. Nos alojamos en un hotelito del pueblo de Lunel  dispuestos a esperar acontecimientos. Al día siguiente voy al taller y me dicen que han pedido la pieza averiada a la Mercedes y que la recibirán de un momento a otro. Según el mecánico alguien dejó mal apretado un tornillo del árbol de levas, lo que causó la rotura de la pieza. La historia se repite durante los siguientes 5 días, quedándonos varados entre Lunel y Lunel Vielle, otro pueblo vecino. Nos dedicamos a pasear por estos pueblos, a pie y alimentarnos bien con la buena comida que se consigue en cualquier restaurante. Mi hija Elvira disfruta más que nadie con los deliciosos guisantes con mantequilla típicos del lugar También hacemos una visita, por tren a Nimes y a Montpellier, aunque el aburrimiento empieza a hacer mella en la familia.

Cuando, finalmente, me entregan el coche, resolvemos recortar el recorrido y dirigirnos a Suiza. Yo tenía unos folletos de hoteles de Ginebra y vamos al primero de la lista. Nos recibe un funcionario del hotel  que nos recomienda alquilar un apartamento en el mismo hotel en vez de dos habitaciones, ya que nos saldrá más económico y estaremos más cómodos. Así lo hacemos y nos instalamos en un precioso piso tan limpio como todo lo que se ve en este país. Paseamos por la bonita ciudad y disfrutamos del clásico fondue a la hora de comer. Cuando cojo el coche para dar unas vueltas por la ciudad, empieza a sonar el mismo traqueteo en el motor que me había obligado a para en Lunel. Lo llevo al taller de la Mercedes por la mañana y me lo entregan por la tarde. Al día siguiente era sábado y nos instalamos dentro del coche para dirigirnos a nuestro nuevo destino: París. No he recorrido más de dos kilómetros, cuando vuelvo a escuchar el mismo ruido tenebroso.
Dejo a la familia en el parque, al lado del lago y me dirijo al taller con bastante cabreo. El jefe de mecánicos se deshace en excusas y, después de apretar unas tuercas, me asegura que el problema está solucionado.

Ginebra 1976




Proseguimos el viaje con el evidente mosqueo de toda la familia, pero sin más dificultades. Llegamos a París y nos alojamos en el formidable hotel Sheraton, donde los empleados ITT tenemos un descuento del 50% (sí, también Sheraton es de ITT).


El hotel Sheraton París
Estuvimos recorriendo París durante cuatro días, admirando sus formidables avenidas, en especial los Campos Elíseos, donde mi hija Elvira se empeñaba en comprar un cachorro Basset, pero logré disuadirla no sin ciertas dificultades. Mi mujer insistía en que paseáramos en el Mercedes, así que no tuve más remedio que meterme en el endiablado tránsito parisiense y hasta logré estacionar en las mismísimas Tullerías, aunque con multa incluída.(Aún la debo, por cierto)

Paris, jardines de Las Tullerías 1976

Salimos de París el 7 de septiembre, pernoctando en un Novotel a mitad de camino. A la mañana siguiente llegamos a Burdeos, donde compramos algunas provisiones, entre las cuales un vino que resultó tan deficiente como un vulgar Valdepeñas. En San Sebasíán yo pretendía estar un par de días, pero la familia quería llegar cuanto antes a Bilbao, donde nos esperaban la madre y la tía de Maite. Solo me permitieron meterme en la playa de La Concha, para un baño rápido, pero gratificante. Recorrimos San Sebastián quedando prendados de la belleza de la ciudad, la más bonita de España sin lugar a dudas. Ya me lo había dicho mi padre.

Tras un par de días en Bilbao, salimos hacia Madrid, ya bastante cansados por el vajecito de quince días por esas carreteras.
Lo primero que hice fue entregarle a mi abogado las facturas de reparación del coche y del hotel en Lunel, con la orden de demandar a la Mercedes por daños y perjuicios. No hubo lugar, pues me abonaron los gastos reclamados sin ningún problema.

lunes, 7 de mayo de 2012

MONTECLARO

Invitados por mi colega Jaime Ginard, fuimos a visitarlo en su recién comprada casa en la urbanización Monteclaro, al lado de Pozuelo de Alarcón. Ginard había aprovechado una oferta de Levitt Bosch Aymerich, una afiliada de ITT (como tantas). Quedamos maravillados por la nueva urbanización, su tranquilidad y el aire puro que se respiraba, por lo que me apunté a la oferta y escogimos una casa tipo Colmenar en una parcela de 1560 metros en la avenida principal. Los cinco millones y medio de pesetas que costaba el invento (*) los financié con el remanente de ahorros que había logrado en Venezuela, la venta del piso y un préstamo del Banco Hispano Americano. Tanto Maite como yo consideramos que esta mudanza era la definitiva. Estuvimos a punto de lograr ese objetivo.

Vista del chalet en sus albores

Vista posterior con los primeros visitantes
El chalet se hizo muy acogedor para familiares de Maite y de mi propiedad, que nos visitaban con regular frecuencia. Una tía de Maite se instaló con caracter permanente para ayudarla, sobre todo en la cocina, donde era muy eficiente. Mis padres, hermanas y cuñados también estuvieron viviendo allí alguna temporada, así como  la madre de Maite , la pobre viajando de Venezuela a España y viceversa muy a menudo, después de haberse quedado viuda.  Lo mismo le sucedió a mi madre, tras el fallecimiento de mi padre en 1973; viajando a casa de mis hermanas en Venezuela, vuelta a España a mi casa y viceversa. Un recorrido típico para viudas.

Maite me decía que aquello parecía el frente de juventudes.

Una de las muchas cenas en casa

Por otro lado, las niñas ya se han convertido en bonitas señoritas y empiezan a aparecer tigres por los alrededores.
Elvira

Ana, la menor y Maite la mayor

Merienda en el jardín


Mis hijas Maite y Ana con mi madre, mi suegra y la tía María
 
En el jardín de la casa, con Maite, mi madre, la madre de Maite, mis hermanas, mis hijas y la tía María.


El trabajo en Standard se complicaba, por lo que tenía que viajar con frecuencia, dejando a Maite a cargo de la residencia.  A finales de 1975 la compañía firmó un gran contrato con la argelina Sonelec para instalar en la población de Tlemcen un complejo industrial de telecomunicaciones que, hasta el momento, representaba el mayor proyecto español de tecnología en el extranjero.  El contrato presentaba la peculiaridad de ser "producto en mano" en vez de "llave en mano" como se acostumbraba. Es decir, Standard se comprometía a instalar la fábrica y entregarla en pleno funcionamiento, lo que incluía la selección y entrenamiento de 2850 argelinos que integrarían la plantilla,   350 de éllos en España. Varios departamentos de Standard, entre ellos el mío, fueron involucrados en tan ardua tarea que tenía que empezar por el  aprendizaje del idioma tanto por su parte como por la nuestra. Una de mis tareas iniciales fue la elaboración, en francés, de los manuales de procedimientos administrativos para la nueva fábrica. El "Proyecto Sonelec" pasó a ser nuestra principal ocupación. Asigné a González Palomino como jefe de contabilidad de la nueva fábrica para que organizara el departamento, a la vez que entrenaba a su sucesor argelino. Palomino había sido mi auditor en Amoniaco Español y junto a Fraga y Robles, también ex-empleados de ESSO, se habían incorporado a Standard cuando empezó el declive de la petrolera.

Un año después, Palomino marchó a Tlemcen con otros empleados de Standard para poner el proyecto en marcha. Yo tuve que realizar un par de viajes a Argelia, el primero por Iberia y el segundo en un jet alquilado por la empresa. Este último resultó una experiencia estupenda por la comodidad del vuelo y la omisión de los farragosos trámites del aeropuerto, pues el piloto se encargaba de todo. Una forma de viajar francamente agradable. 
En el primer viaje estuve con uno de mis ayudantes visitando a los ejecutivos financieros de Sonelec. En aquella época Argelia ya era una república socialista y había que tener cuidado con los funcionarios, abundantes y mal educados. En el restaurante había que  armarse de paciencia para que los camareros le sirvieran a uno pues cualquier signo de llamada o reclamación era interpretado como una imposición imperialista, de manera que no había posibilidad de exigir rapidez en el servicio. Nos alojamos en un hotel magnífico que había sido construidoo por los rusos y donde era prácticamente imposible obtener un servicio de habitación. Al segundo día, viendo que no atendían mi petición para subirme el desayuno, me asomé al pasillo y me apoderé del que iban a servir en la habitación de al lado, gracias a una buena propina. Era curiosa la numeración de las habitaciones, que no coincidían con los pisos donde estaban ubicadas; por ejemplo, las números 200 al 300 estaban en la quinta planta, pero las del 600 al 700 se hallaban en la 2ª. Todo un galimatías que, posiblemente, producía el deficiente servicio. Una lástima, porque el hotel era excelente. Tampoco estaba mal la comida, con la posibilidad de disfrutar de unos salmonetes gigantescos y unos mariscos deliciosos. Claro está, llevando cuidado para apartar las abundantes moscas típicas de estos países.

Como dije, el segundo viaje a Argelia lo realicé en un pequeño jet alquilado por la empresa. Aterrizamos en Oran, el aeropuerto más cercano a Tlemcen, situado a unos 100 km. por una carretera infame y con un típico conductor árabe, de los que van al límite de velocidad que pueda dar el coche. No hubo un tercer viaje porque me cuide muy mucho de delegar funciones en mis otros ayudantes. Cuatro años después tuve que viajar de nuevo al "piojo verde", esta vez a Marruecos. Me asombra que vaya tanta gente por ahí de vacaciones.



(*) Hoy día piden 2 millones de euros. Lástima que vendí demasiado pronto.

viernes, 4 de mayo de 2012

ASOCIACIÓN DE EJECUTIVOS DE FINANZAS

Otro de los aspectos gratos de mi estancia en SESA fue que me inscribieron en la AEEF. La empresa tenía mucho interés en las asociaciones profesionales como APD, AEF etc. A los jefes financieros nos apuntaron a la Asociación Española de Ejecutivos de Finanzas (AEEF) en la que fui elegido, poco tiempo después, miembro de la directiva, comandada, por cierto, por el conocido  Eduardo Punset.

En octubre de 1975 se anunciaba un congreso mundial de la IAFE (International Asoc. of Financial Executives) a celebrar en Caracas. Inmediatamente empecé a gestionar mi asistencia consiguiendo que la compañía me pagara el viaje y la inscripción. Corrí la voz entre familiares y amigos de Venezuela y enseguida recibí invitaciones para el alojamiento. El congreso se celebró entre el 31 de octubre y el 9 de noviembre y puedo confirmar que disfruté mucho en el reencuentro con mi país de adopción después de once años de ausencia.
Asistí a la inauguración y a un par de conferencias, para disimular, pero pasé la mayor parte del tiempo en reuniones con mis hermanas, primas y otros familiares, así como con antiguos amigos de Shell. 

A esta comida no tuve más remedio que asistir

Precisamente estuve de visita en mi antigua oficina del edificio Shell en Las Mercedes y allí me encontré con un montón de antiguos amigos, que me recibieron con un entusiasmo sorprendente después de tanto tiempo. El más atento de todos fue Fluvio Lobo que, junto con Ramón Goitía, Emanuel Valbuena, Manuel Felipe Issa, Roberto Stiuv, Carlos Delgado y "el chiquito" Hernández, organizaron un almuerzo en mi honor en el restaurante El Campanero, donde disfruté de unos aguacates "king size" con langostinos realmente deliciosos y las clásicas arepas con queso de mano. Pasamos un rato francamente inolvidable.
Mi hermana Elvira también me había preparado una reunión en  casa, donde cocinó un mero al horno sencillamente exquisito. Me acompañaron mi hermana María Luisa, mis cuñados y mis primas. Un grato recuerdo. 

Me faltó tiempo para acudir a muchas otras invitaciones que recibí durante mi estancia en Caracas. Mi cuñada Mariángeles me había alojado en su piso, por lo que me ahorré el pago del hotel Hilton donde se celebraba la conferencia. 

Abrumado por tantas atenciones me despedí de todos éllos el viernes 7 aceptando la invitación de Luis, el marido de mi cuñada, para una sesión de pesca en su yate. Por la tarde salimos hacia Puerto Azul con su hija Marigaby, pernoctando en su apartamento al lado de la playa. El sábado salimos de pesca y logré capturar un bonito ejemplar de dorada, tras 15 minutos de lucha (¡como pelean estos bichos!). Luego almorzamos en el restaurante del Faro y echamos una siesta en el yate, después de aclararnos la garganta con unos tragos de ginebra Tanqueray con tónica. El calorcito, los vapores del alcohol, la música instrumental del equipo de alta fidelidad  y el suave vaivén de las olas, convirtieron la siesta en un momento muy agradable.                                     .

Al mando del poderoso yate de Luis

Mostrando mi estupenda captura en las aguas del Caribe

Mi estupenda excursión por Venezuela casi me hace olvidar los importantes acontecimientos que se producían en España. Franco agonizaba y la incertidumbre de los cambios que se avecinaban hacían temer lo peor. Es muy posible que haya perdido una oportunidad para apuntarme al carro de los políticos como hizo, por ejemplo, un tal Benegas, procedente de Caracas, con un historial parecido al mío. Mi  natural tendencia a no meterme en líos me había apartado de cualquier tentación política, a pesar de mi antipatía a Franco y sus secuaces. Más aún, había llegado a apreciar la tranquilidad de las calles españolas durante su gobierno  en comparación con el desorden imperante en los países democráticos como, por ejemplo, del que fui testigo en Bruselas, cuando los agricultores comunitarios tomaron prácticamente la ciudad, dejando todo hecho una lástima, con escaparates destrozados (y saqueados) y hasta semáforos arrancados de cuajo. En España no se veían semejante demostraciones y uno paseaba por las calles de Madrid a cualquier hora de la madrugada sin miedo alguno, aunque ya sé que tranquilidad viene de tranca, según dicen. Pero la cosa empezaba a desmadrarse también por aquí.

Los de la AEEF seguíamos con nuestras reuniones mensuales, a las que, a veces, nos acompañaban las señoras. Estos documentos gráficos  demuestran lo bien que lo pasábamos:


Los Duarte en primer plano; Javier era amigo del fotógrafo. Maite se ha quedado aislada.

De etiqueta en la fiesta anual



A esta cena se apuntó mi hija mayor Maite. Mi amigo Erasmo López es el primero por la izquierda

En esta ocasión estoy entre las dos guapas,  Maite y la Sra. Lazzerini. Silvio es el primero por la izquierda.


jueves, 3 de mayo de 2012

EN LA BOCA DEL LEÓN

Aunque parezca mentira, una nueva mudanza me está acechando. La Esso ha decidido trasladarse al "hijo" del gran edificio de La Unión y el Fénix en el paseo de la Castellana.

me refiero al edificio que se ve a mano izquierda
Se trata de un edificio mucho más moderno que el que ocupábamos en la calle Félix Boix, pero he salido perdiendo en espacio vital. El despacho que heredé de Murphy era grandioso, 50 m2 por lo menos. y el nuevo no pasará de los 20. Mi secretaria, la Sta. Guimerá, se ha quedado sin despacho y le ha correspondido un trozo del pasillo, por lo que está de un humor de perros.

Coincidiendo con la mudanza, empiezan a  notarse movimientos extraños dentro de la organización. Aparece un argentino con el encargo, según parece, de liquidar las inversiones hechas en España. La impresión que tenemos es que el grupo ESSO se ha cansado de esperar la autorización para establecerse como distribuidor minorista, en otras palabras, estaciones de servicio en todo el país como le habían prometido. Ante el monopolio CAMPSA no hay nada que hacer.

Empiezan vendiendo Amoniaco Español, luego Productos Químicos Esso y, finalmente, la fábrica de fibras en Zaragoza. No sabemos qué pasará con la refinería.
Sospechamos que la actividad se va a reducir a la comercialización de productos químicos, eliminando toda actividad productiva.

Aquí aparece de nuevo la inquietud por un futuro profesional que consideraba consolidado. Si permanezco en ESSO tengo un cargo bien remunerado y de prestigio para muchos años, aunque quede devaluado por la desinversión.

Resuelvo buscar trabajo en otra empresa donde hayan oportunidades de avance que en ESSO España se han agotado. Este anuncio llama mi atención, no tanto por el sueldo sino por un bono adicional que ofrecen según el rendimiento anual:


En abril de 1973, a mis 47 años (*), entro a trabajar en SESA (Standard Eléctrica), una empresa de reciente fundación bastante más importante en España que la ESSO. SESA había sido formada con la parte de Telefónica dedicada a la fabricación de centralitas telefónicas y otros equipos. El principal accionista es ITT, la multinacional por excelencia.
No voy a entretenerme detallando mis experiencias en SESA que fueron magníficas, por un lado, pero frustrantes la mayoría de las veces. Mi primer lugar de trabajo estaba en la fábrica de Ramírez de Prado, un lugar poco recomendable para una oficina y más aún durante los años tumultuosos previos a la muerte de FF.

Hablaré sólo de los buenos recuerdos de mi paso por esa gran empresa. En primer lugar la buena amistad conseguida con los nuevos empleados que ingresaron al mismo tiempo que yo. Silvio Lazzerini, chileno, había sido nombrado Jefe de Auditoría. Santiago Marzo, un vasco, era el Jefe de Impuestos. Jaime Ginard, mallorquín,  Asistente al Interventor para contabilidad, al igual que yo como asistente al Interventor para estados financieros.
A este selecto grupo se incorporaron más tarde Enrique Fraga, que había sido mi sucesor en Amoníaco Español y  Antonio Robles, anterior asistente al tesorero de ESSO. Ambos también huyendo de "la quema" como yo.

En SESA se celebraban muchas reuniones (demasiadas en mi opinión), tras las que solíamos comer en algún restaurante de categoría. El compañero Marzo, como buen donostiarra, era considerado el mejor gourmet y muchos esperában a ver lo que pedía del menú antes de ordenar lo suyo. También se me reconocía a mí un alto rango en esa categoría, aunque inferior al de Marzo. Algunas de las reuniones se celebraban en hoteles, sobre todo los cursos de entrenamiento que constituían otra de las manías de la empresa. Uno de esos cursos se celebró en Ávila, un lugar muy adecuado para la meditación y el recogimiento, pero que muy pronto Marzo y yo le encontramos el gusto, descubriendo un restaurante donde servían unas alubias del Barco de Ávila y un cordero para chuparse los dedos.

En ocasiones me tocó dirigir alguna conferencia, como ésta, sobre control de costos:




En enero de 1974 me enviaron a un curso de alta dirección en Fontainebleau, cerca de París, en la famosa escuela de gerencia INSEAD. El curso duraba dos semanas y acudían empleados de otras compañías ITT en Europa. Era francamente bueno y puedo calificarlo como el de más categoría a los que he asistido.  Utilizaban el sistema de estudio por grupos que ya conocía de anteriores ocasiones. Se estudiaban casos reales de problemas empresariales que habían sido enviados a INSEAD para su análisis y solución.




Nos alojábamos en un hotel cercano, ya que el campus estaba reservado para los estudiantes de los cursos de MBA de diez meses, pero comíamos en su cafetería , bastante mal, por cierto,a pesar de la estupenda tabla de quesos de postre. A los pocos días me dediqué a explorar los alrededores a ver si encontraba un sitio más acorde con la fama culinaria de Francia.  En Fontainebleau me sorprendió la vista de unos magníficos rodaballos cocinándose en un asador vertical. Sin dudarlo, entré en el local  y pedí "uno de ésos" en mi precario francés, olvidado tras tantos años concentrado en el inglés. Resultó una comida exquisita, complementada con la clásica tabla de quesos y el vino del lugar.

Llegué retrasado al aula magna, donde se celebraba una conferencia sobre relaciones humanas, dispuesto a echar, disimuladamente, una siesta. para lo que me senté en la última fila.


Desafortunadamente, el profesor me pidió que bajara para interveniren la escenificación de un caso típico en las relaciones hogareñas. Se trataba de convencer a una cursillista, alemana por cierto y que hacía el papel de mi esposa, de que la imaginaria empresa londinense donde trabajaba, , me iba a transferir a Melbourne y teníamos que mudarnos allí con nuestros hijos. Me pareció un caso sencillísimo, después de mis variadas experiencias sobre el tema. Pero la puñetera alemana no era, ni por asomo, tan comprensible como Maite y casi terminamos a bofetadas.

Al terminar el curso, me reuní con Maite en París, donde habíamos quedado en encontrarnos para pasar unos días. Nos hospedamos en el hotel Suecia, al final de los Campos Elíseos y lo pasamos francamente bien, visitando casi  todo lo que suelen recomendar que se vea en París, de día y de noche.

Volvimos a Madrid en tren y cuando pasábamos por Irún, hacia las 4 de la madrugada, nos despertaron para hacernos una inspección policial a fondo, de la que salimos sin cargos, aunque nos  jorobaron el sueño tan difícil de conciliar en el coche-cama  Parece que nuestros apellidos vascos sonaron sospechosos a los celosos guardianes de la frontera, pues más tarde me comentó el empleado de Wagon Lits que habíamos sido los únicos beneficiarios de tan desagradable visita.


(*) Según me dicen, hoy día los de esa edad lo tienen crudo