viernes, 9 de marzo de 2012

¿Y LA FAMILIA?... BIEN, GRACIAS.

Empezaré por mis progenitores;
Siguen de mudanza a las medicaturas rurales donde envían a mi padre. En esta época  estaba destinado en Guardatinajas, un pueblo en lo más profundo de los Llanos

Una calle de Guardatinajas

Imagino los sustos de  mi madre, con el pavor que les tenía a los bichos y enfrentada a la variopinta fauna tropical. Antes de este destino, los habían enviado a la isla Margarita, donde pudieron disfrutar de unas maravillosas playas durante una temporada; pero sucedió lo de costumbre, a un médico criollo, recién graduado, le apeteció tan bonito lugar y cambiaron a mi padre. Según me cuenta, está cansándose de la seguridad social venezolana y planea regresar a España, aunque esté mandando Franco.

Este paraíso le duró poco a mis padres


Mi hermana menor, María Luisa y Santiago, su marido, también viven en los Llanos. Mi cuñado tiene una farmacia en Calabozo, una pujante población del estado Guárico. Está asociado con mi otro cuñado, Álvaro, un gallego que se casó con Elvira, mi hermana mayor. María Luisa y Santiago han tenido un hijo, que nació unos meses antes que mi hija. Por su parte, Elvira y Álvaro han tenido un niño y una niña. Se puede observar que la contribución de la familia al censo de Venezuela marcha viento en popa.
Los hermanos de Maite tampoco se han quedado atrás. Su hermano, José Luis, se casó con una venezolana y han tenido, de momento, una hija. Más adelante, les nacerá un varón. La hermana mayor, Mariángeles, se ha casado con un valenciano, Luis, recién llegado de España. La pareja, como nosotros, se especializarán en niñas y han tenido la primera unos meses antes de nacer mi hija.

Mi suegro era capitán de un barco mercante en España y ha conseguido  empleo en la naviera Boulton, en la Aduana de La Guaira. Mi cuñada  trabaja en la editorial Capriles donde llegará a ser directora.

Contribuyendo a la expansión familiar en este país, han ido trasladándose desde España primos, primas, tíos, tías y otros parientes que se han establecido poco a poco en Venezuela  manteniendo bien alto el espíritu conquistador y aventurero de nuestros antepasados. Primos y primas se han casado aquí, por lo que se han agregado a la famiglia, italianos, alemanes, colombianos y criollos.

La gran mayoría  se ha buscado la vida adecuadamente, emprendiendo negocios con variado éxito. Otros se han empleado en la industria del aluminio y montarán su propia fábrica de perfiles. En resumen, que no hay desempleo entre nosotros y no hace falta ayudar económicamente a nadie, lo que me satisface plenamente pues no está el horno para bollos.

AD:
Preguntaba un contertulio a los oyentes: "¿En qué se parece una camisa vieja a una familia y a un hotel de tercera?"
Como nadie lo sabía, aclaró: "En que ni el hotel ni la camisa tienen botones".
Un listillo pregunta: "¿Y la familia?"
"Muy bien, gracias".
Disculpen la mención a este oxidado chiste, pero me ha venido al pelo para titular el post.

jueves, 8 de marzo de 2012

COMPLICACIONES

Después de una conferencia con mi suegro Luis, una persona estupenda y con la que congenio cantidad, hemos resuelto separarnos y que cada cual vaya a su casa. No sin cierta reticencia de la suegra, que tendrá que reducir sus mimos a la pequeña, hemos conseguido alquilar unos pisos, separados por cuatro manzanas, en la Avenida Victoria,(la misma zona donde Maite y yo tuvimos nuestro primer nido).

He logrado alquilar el ático de un edificio de 7 pisos y hacemos ambas mudanzas sin mayor complicación (¿qué es eso para nosotros?)

Mi interés por vivir en el último piso se debe a que conozco cómo se las gastan los caraqueños con sus fiestecitas y pretendo dormir lo mejor posible. No viene ningún ruido de arriba, por supuesto, pero mi hija me obsequia con unos conciertos de lloro en Fa sostenido mayor que no hay forma de dormir un par de horas seguidas. Sospecho que la niña estaba acostumbrada a que mi suegra la meciera en sus brazos y la echa en falta

Conducir el coche por las mañanas hacia la oficina, se hace complicado tras una noche en blanco. Lo peor es no poder recuperarse durante el fin de semana, pues hay una panda de sinvergüenzas que, en lugar de dedicarse a pintar fachadas en silencio, como hoy en día, se dedican al toque de guitarra y cante de boleros los sábados por la noche, a la puerta del edificio. Curiosamente, el ruido parece incrementarse al subir por la pared. Si al menos cantaran como Lucho Gatica, un sedante para la niña cuando lo escucha...






Gracias  a mis habilidades en el lanzamiento de patatas, he logrado ahuyentar  a los tíos del portal. Tenía preparadas unas botellas (vacías, por supuesto) por si fallaban las patatas, pero no ha hecho falta, afortunadamente porque devuelven el depósito en la tienda.

Me he apuntado al plan de préstamos hipotecarios de la empresa, con las aviesas intenciones de construirme una casa y dejar de pagar los desagradables alquileres. Esos préstamos se devuelven en 12 años, a un interés reducido y forman parte del plan de beneficios para el personal de la Shell, que también tiene un servicio médico.   Hay otro plan, el de Ahorros, al que no me apunto de momento, pero que es magnífico: se puede dedicar hasta un 10% del sueldo y la empresa contribuye con el 50%. Todo el dinero va a un Fondo que suele producir hasta un 8% de interés. Muy importante: no se trata de un asiento en los libros, el dinero está depositado en una cuenta bancaria y no se puede retirar hasta cesar en la empresa. Años más tarde, cuando mejoraron mis finanzas, tuve la oportunidad de apuntarme. No cabe duda que trabajar en la industria petrolera, durante aquellos años, era un privilegio.

He aumentado mis ingresos con la incorporación de otros dos clientes. Ahora llevo 6 contabilidades y, aunque algunos son malos pagadores, al menos me suministran alimentación y ropa.

Pero en 1956 se produce un hecho preocupante: se ha creado la Escuela de Administración y Contaduría en la Universidad y se pretende regularizar el ejercicio de la contabilidad limitando su ejercicio a los Contadores Públicos.  Algo similar a los CPA de los Estados Unidos. El asunto ha creado pánico entre los que se dedican a llevar contabilidades, ya sea como fuente de ingresos básicos o complementarios, como en mi caso.

Un grupo de empleados de Shell nos apuntamos a la primera convocatoria, en la que se permitirá el acceso a mayores de 25 años que aprueben un examen de admisón, aunque no hayan terminado el bachillerato. Las clases se impartirán de 6 a 10 de la noche en la Facultad de Económicas de la Universidad Central de Venezuela.

Edificio principal d la UCV donde estaba la Facultad de Economía

He logrado aprobar el examen y me dispongo a enfrentarme a este nuevo reto. No he tenido más remedio que abandonar las contabilidades peor pagadas, quedándome con La Porcelana Inglesa y el Restaurante El Jardín, de las que me ocuparé los fines de semana. Habrá que abandonar las clases de "tapeo" que disfrutaba con Luis, mi suegro, en las tascas españolas que se han instalado en la Plaza Candelaria. Una lástima dejar aquellas cervezas heladas, los boquerones, gambas y demás delicias, pero habrá que sacrificarse. Ha llegado la hora de la verdad.

miércoles, 7 de marzo de 2012

PREVISIONES ERRÓNEAS

El edificio Shell de San Bernardino, inaugurado con tanto garbo en 1948, se ha quedado pequeño en 1954 para soportar el crecimiento de la compañía. Las altas instancias han decidido construir uno en serio y, mientras se termina, varios departamentos han tenido que mudarse a edificios alquilados. El  de contabilidad, donde trabajo, se ha instalado en el edificio de la Casa de Italia, en el que han alquilado los tres pisos superiores.


Aprovechando la oportunidad, Mr. George Viney, jefe del departamento, ha realizado algunos cambios en la organización. A mi me han transferido a la sección A-10, con la excusa de que es la más importante del departamento por llevar la contabilidad de costes. Sigo siendo jefe de sección y me han dado un aumento de sueldo que, por cierto, me ha venido al pelo

En la Casa de Italia estábamos algo escasos de espacio

Al presentarse los primeros signos de embarazo de Maite, acordamos que deje el empleo y yo aumentaré mi pluriempleo. He conseguido un par de contabilidades más, una del restaurante El Jardín, donde a veces nos invitan a comer y otra en la factoria de zapatos de Mark Countenye, un belga que he conocido hace poco.
Aquí nos encontramos en el Restaurante El Jardín, esperando la comida

El médico nos había asegurado que nuestro primer vástago iba a ser varón, pero ha sido otra previsión equivocada y el 16 de febrero de 1954 ha nacido nuestra primera hija. Pensando que a la niña le iría mejor vivir en un chalet con jardín, nos hemos mudado a uno de los que alquila la empresa al personal expatriado y lo vamos a compartir con los padres y la hermana de Maite. Ha sido una deferencia de la empresa para conmigo, ya que esas casas son para "musiús".

El chalet tiene tres alturas, por estar en la ladera de la montaña y dos entradas, una inferior con jardín y garaje y otra superior (que pueden verse en las siguientes fotografías):


La mamá y la hija en la entrada inferior del chalet
Mismas protagonistas, en la entrada superior. Al fondo, las faldas del monte Ávila

Familiares y amigos acuden a menudo a visitarnos y conocer a la preciosidad recién nacida. Empiezo a ponerme nervioso cada vez que alguien toquetea a la niña y me horroriza pensar en la cantidad de miasmas que le pueden trasmitir.  El colmo se produce cuando nos visita la mitad del Valencia FC, que interviene en un torneo internacional en Caracas. Nos han visitado, invitados por el novio de mi cuñada, que es valenciano.

De izquierda a derecha, mi cuñada, belleza 2ª, servidor y belleza 1ª

La convivencia resulta complicada, como suele suceder en estos casos de matrimonios viviendo con suegros y cuñadas, por lo que empiezo a tramar un cambio.

Entre tanto en la Shell hay importantes acontecimientos. Han enviado al controller, Gordon Hatherley, a Hong Kong; lo sustituye George Viney y. tras unos cuantos movimientos adicionales, me ascienden a asistente del jefe del departamento. Además de un aumento salarial, me han dado un despacho estupendo en la Casa de Italia. Tiene vistas a la calle y ¡un cuarto de baño privado! En mi nueva posición superviso a los jefes de las secciones A-5, A-6 y A-10. Es la primera vez que estoy solo en un despacho y echo de menos las bromas de los compañeros, pero tengo que acostumbrarme ahora que soy un tío casado y con prole. Se terminaron las pachangas y las cacerías carnavalescas. La cosa se ha puesto seria.

martes, 6 de marzo de 2012

CRISIS ECONÓMICA

He tomado unos dias de vacaciones y Maite ha pedido un permiso en la Willys Jeep donde trabaja. Luego de un par de días descansando en nuestro pisito, nos vamos a pasar una semana en la playa de Choroní , a 150 km de Caracas y que nos han recomendado mucho.


La playa es preciosa y lo hemos pasado muy bien, como puede verse a continuación:
Sin embargo, el hotel (único en aquellos tiempos), no nos ha gustado nada, por lo que hemos vuelto a Caracas para descansar un poco de la playa. La salida no ha sido muy cómoda porque se me ha atascado el coche en la arena y he tenido que pedir  ayuda a unos amables propietarios de un potente Jeep. Llegamos a Caracas sin novedad y decidimos postergar nuestro viaje de luna de miel para mejor ocasión.

De vuelta al trabajo echo un vistazo a mis finanzas y me pego un buen susto. Todavía estoy pagando un terno que compré en la sastrería Chicago, me quedan 7 letras del Ford y un pico de varios electrodomésticos que adquirí a crédito en Sears. Además tanto Maite como yo ayudamos económicamente a nuestros padres. En la compañía aumentan el sueldo con cuentagotas y no veo otra solución que buscar algún trabajo extra. Conozco a un inglés, Mr. Taylor, jubilado de Shell y propietario de La Porcelana Inglesa, un establecimiento muy elegante, ubicado en la Gran Avenida y no lejos de mi piso. Le pregunto si no precisa un ayudante.

Zona comercial donde estaba La Porcelana Inglesa

Afortunadamente está buscando un contable que le ayude con los libros oficiales. Me pagará 400 bolívares al mes y acepto, encantado.

Días después he conseguido otro cliente en el mercado principal, una tienda de tipo "todo a cien", llamada La Atarraya, de mucho menor cachet que el anterior, pero que me viene bien a la buchaca.

La gran diferencia entre ambos trabajos es que, mientras Mr. Taylor lleva un libro detallado de todas sus operaciones, debidamente cuadrado, el Sr. Castro, de La Atarraya, sólo me facilita recibos, vales y un montón de papeles que no hay manera de cuadrar. A fin de mes me pide que me lleve mercancía de la tienda en pago de mis honorarios aunque, según mis cuentas, le sobra dinero en caja. Cuando se lo digo, me confiesa que tiene otro negocio que financia con los fondos de la tienda, pero del que no lleva ninguna contabilidad.

A los pocos meses, Maite me pide que no le lleve más cosas de esa tienda porque la despensa está al límite. Como el Castro sigue sin pagar en metálico, resuelvo mandarlo a paseo y, al mismo tiempo, evitaré un inventario físico que se avecinaba. Ya tuve que pasar por un conteo de las existencias  anterior y fue una de las cosas más pesadas que he tenido que hacer en mi vida.

Contar todas esas cosas era un "trabajito de mapola"(*)

Para compensar la pérdida de ingresos, he aceptado la petición de un compañero de trabajo, el "Maestro" Gómez para que le eche un vistazo a su contabilidad. Ha montado un negocio de venta de queso blanco que le envían desde Perijá, en el Estado Zulia y revende en el mercado principal.
El queso blanco es típico de la cocina venezolana y se utiliza en muchos platos. Viene en panelas de 5 kilos y se revende troceado, a gusto del consumidor.



El amigo Gómez se queja de que, a pesar de comprar el kilo a 5 bolívares y venderlo a 17, está perdiendo hasta la camisa. Tras una rápida investigación, descubro que el kilo que le facturan en Perijá se convierte en 750 gramos cando llega a Caracas, debido a la pérdida de peso por la evaporación.

                -O traes el queso en un camión refrigerado o vas a tener que abandonar el negocio, le digo.

Decide optar por la segunda opción, no sin antes regalarme un kilo del producto en pago de mis honorarios. Mi mujer no me ha dejado entrar en casa con el queso y he tenido que repartirlo entre la familia.

 (*) Trabajo de mapola = tarea de chinos

lunes, 5 de marzo de 2012

BODAS

Estamos a mediados de 1952 y se casa mi hermana menor, María Luisa. Conoció a Santiago en la Facultad de Farmacia de la Universidad Central y, en cuanto Santiago se ha graduado, han contraído matrimonio. Mi padre  prepara una fiesta en casa a todo lo grande y aquello se ha llenado de regalos y de gente. Algunos invitados me preguntan que "¿cuándo te tiras al agua?", a lo que tengo que contestar con evasivas. No me siento preparado para semejante acontecimiento.

En la empresa han aparecido unas chicas recién graduadas en peritaje mercantil y las han asignado a diversas secciones. Van a estar tres meses trabajando con nosotros, tras lo que haremos una evaluación y se decidirá si contratan a alguna. Tengo la suerte de que me coloquen a Olga y a Margot, que compiten entre sí como las mejores alumnas de la escuela. Pronto me doy cuenta de que son más eficientes que la mayoría de los 8 empleados que tengo, por lo que decido proponer la sustitución de los cuatro peores  por las dos muchachas. No solo hace cada una la labor de dos de éllos, sino que la hacen mejor. Ya entonces se valoraba a las trabajadoras por su eficacia, sin necesidad de estupideces como la de "la igualdad".

A mediados de octubre de 1952 los amigos Solís y De Luca me convencen para pasarnos por el Centro Gallego donde se celebran bailes los sábados por la noche. La quinta (chalet) donde está situado, había sido sede de un club deportivo de esgrima y jiu-jitsu, del cual fui miembro durante una temporda.

Después de un vistazo de reconocimiento, saco a bailar a una guapa chica que resulta ser bilbaina, curiosamente llamada Maite  y recién llegada de Inglaterra.


Entablamos una conversación en inglés que, para entonces, yo tenía mucho interés en aprender y charlamos de diversos asuntos mientras bailábamos. Pronto me percato de su inteligencia y de lo interesante de su conversación, tan distinta de la usual en las chicas locales.
Estoy impresionado, le pido sus señas y al día siguiente voy a su casa. Sus padres, de Bilbao, no tienen inconveniente en que salgamos a dar un paseo por los alrededores, lo que me deja estupefacto. Ignoraba que en España estuvieran tan avanzados en relaciones humanas, incluso con Franco.

Para "fardar" un poco,  me he comprado un Ford de Agencia, como se dice aquí cuando el coche es nuevo. Se trata del famoso modelo 52, de 8 cilindros, que traía una serie de innovaciones,  como los pedales colgantes.  Ha sido cosa de firmar unas cuantas letras, muy sencillo.


La fotografía que sigue resume los acontecimientos de los siguientes cuatro meses sin necesidad de cansar a los lectores con historietas románticas:

Los contrayentes, mi madre y el hermano de Maite
Un par de cosas relacionadas con tan magno acontecimiento: Debido a mi antipatía por camareros y fotógrafos ambulantes, le pedí al director de la revista "Caracas Shell" que mandara a su fotógrafo para que auyentara a los que suelen pulular por las iglesias. A la hora de la verdad, no apareció ningún fotógrafo, ni siquiera el de la revista. La que muestro es la única foto de mi boda que, por suerte, sacó un compañero que pasaba por allí.

Lugar donde se produjo el suceso
La segunda cosa a destacar fue la pesadez del cura, monseñor Carrillo, que nos pidió toda clase de papeles antes de casarnos, papeles como fe de bautismo, comunión, etc. que hubo que pedir a familiares que aún vivían en España para conseguirlos a tiempo. El cura, hasta un minuto antes de la ceremonia, me preguntó si me había confesado. Le mentí que sí.
Con la demora por la recepción de papeles desde España, resulta que la ceremonia se celebró, por pura casualidad, el 14 de febrero, fecha todavía no explotada por el comercio con el truco de los enamorados.
Como mi tesorería aún no se había recuperado tras el viaje a Cuba, mis padres todavía arrastraban los gastos de la boda de mi hermana y los padres de Maite acababan de llegar al país con escasos recursos, tuve que hacerme cargo de los correspondientes dispendios. Localicé a un famoso pastelero francés, recién llegado de París y que se había instalado en el garaje de un amigo, que me hizo una tarta de bodas espectacular y deliciosa, a un precio ridículo, porque quería darse a conocer en Caracas. La única pega es que tuve que recoger en mi coche la consabida tarta para llevarla a casa.

Era como ésta, de nata y chocolate sobre hojaldre. Difícil de transportar como copiloto

De alquilar un piso en la avenida Victoria, hacer las invitaciones y contratar (y controlar) a los camareros en la animada reunión que tuvimos en  casa de mis padres, tuvo que encargarse servidor. A las 11 de la noche, Maite y yo hacemos mutis por el foro, agarro el coche, una botella de champán y un pollo asado y nos trasladamos a nuestro pisito.

Ave. Victoria, hoy Gral Medina

viernes, 2 de marzo de 2012

LA HABANA (2ª PARTE Y FINAL)

A la una de la tarde, me recoge Volta en el hotel y me lleva al Centro Vasco, donde dice que se come de maravilla. Efectivamente, pido unas cocochas de merluza al pil pil y el camarero sitúa una mesita al lado donde coloca una olla llena de cocochas. Me sirve una buena ración y deja la olla para que repita si quiero. Me sirvo un par de raciones más, acompañando el festín con una botella de Rioja y termino con un helado de guanábana, exquisito. 

Estoy disfrutando de otro helado en la cafetería del hotel, cuando  el camarero me trae un periódico donde aparece en primera plana y en enormes letras: BATISTA EN COLUMBIA. Le digo al camarero que me da igual que Batista esté en la Florida o en Guantánamo.

-Don Bwana, Columbia es el Palacio Presidencial y Batista ha dado un golpe de estado anoche y ha tumbado al  gobierno de Prío Socarrás.

Pienso, de repente, que mis padres estarán preocupados y resuelvo telefonearles para tranquilizarles, de paso le pido a mi padre que me envía algo de pasta pues me estoy quedando sin existencias.

-¿Qué te ha pasado Carlos? ¿No ibas a México?, pregunta mi padre.

Le cuento que casi me he pulido los mil dólares y que del viaje a México me había olvidado.

-Menos mal, pensé que te habían robado. Te enviaré lo que pueda por mi amigo Vázquez, de Aeropostal.

Le doy las gracias y empiezo a sacar las cuentas de lo gastado, ya que no me había percatado del problema. Afortunadamente he pagado quince días del hotel, tengo el pasaje de vuelta abonado y le di 200 $ a Pedro Volta, a cuenta. Lo demás deben haber sido los honorarios de Marina y, además, los banquetes en el Centro Vasco. Todavía me quedan como 350 dólares y le aviso a Volta que entramos en austeridad. Me invita a comer a su casa, donde su mujer tiene preparado un arroz a la cubana que no es otra cosa que el típico arroz con caraotas de Venezuela.

Al día siguiente  me apunto a una visita al Morro Castle, uniéndome a un grupo de turistas yankees.


Hay un fulano explicando las horribles torturas que se hacían en el castillo por parte de los españoles y tengo que advertirle que no exagere o lo pongo en ridículo ante los otros. A continuación, voy a una camisería que me ha recomendado Volta pues quiero comprar una guayabera para llevarme un recuerdo de Cuba. Me atiende un vendedor, que antes vendía frigoríficos en Alaska, y me coloca unos zapatos, calcetines, chaqueta, pantalón y no recuerdo qué otras cosas, de manera que salgo de la tienda vestido de pachuco, al más puro estilacho cubano.


Por la noche me encuentro con el inefable Pedro Volta y me dice que hay una chavala preciosa que es amiga suya y que es muy selectiva con los clientes. Me asegura que ha cumplido los 18 años. Quedamos en vernos en el bar del hotel a las 9. Cuando aparece Volta con la chica, que se llama Isabel, quedo inmediatamente prendado de aquel cuerpo escultural, pelo rubio y aspecto de no haber hecho nada malo en su vida. Como parece que yo no le he caído mal tampoco, quedamos en hacer una excursión a Varadero al día siguiente. Varadero es una playa de casi 25 km de extensión, llena de mansardas de actores de cine norteamericanos. Los Cooper, Taylor, Sinatra y compañía sabían vivir bien.


A las 10 de la mañana pasa a recogerme Volta y hacemos lo mismo con Isabel.
Hora y media hora después estamos en la playa de Varadero, en el Hotel Oasis. Alquilamos dos habitaciones, una para Volta y otra para mi y la chica.

Hotel Oasis
Después de bañarnos y asegurarme de que está bien cerrada la puerta que comunica con la habitación de Volta, nos metemos en la cama.

Nos levantamos a las 11 y vamos a desayunar. Hay gente jugando al dominó y nos apuntamos a una partida. Mi sorpresa es mayúscula cuando me reparten nueve fichas, hasta que me percato de que en Cuba se juega con doble siete y doble ocho. No logro ganar ni una y resolvemos irnos a la playa.

No, no es Isabel, pero se le parece

He olvidado el resto de la jornada pero se que regresamos a La Habana de noche y con cierta fatiga. Al final quedé un poco escamado con la chica pues empezó a antojarse de cualquier cosa que yo pudiera comprarle: una gorrita de playa, unas sandalias, una crema... Encima empezaba a cansarme de sus ósculos amigdalíticos.

Al día siguiente hago arqueo de caja y me pego un buen susto, así que voy a la oficina de Aeropostal y allí me han dejado un sobre con los 200 $ que  envió mi padre.

Esa tarde voy a ver el desfile de Carnaval y decido alimentarme en unos carritos que se estacionan en las aceras y que venden unos bocadillos de brioche con jamón y pepinillos, que están muy ricos. También hay unos puestos de mariscos en los que venden gambas, ostras y cangrejos, pelados y servidos en un vaso. Meto en el buche un par de raciones para recuperar un poco de energía.

Así paso unos cuantos días, sin la ayuda de Volta, hasta que pesco a una señorita que estaba en una mesa del bar del hotel, al lado de la mía y después de algunas gestiones, alquilamos una habitación en el hotel cercano (el que me había recomendado la agencia). No tengo nada especial que reseñar en esta ocasión y creo que he cometido un error si comparo a esta chica con las conocidas anteriormente.

Llega el día de mi vuelta a Caracas y el amigo Volta me ha preparado un agasajo de despedida (parece que ha cobrado buenas comisiones).  Nos vamos por unos pueblos alrededor de La Habana y nos ponemos ciegos de cerveza y tapas cubanas. Por todos los sitios hay gente bailando rumba y terminamos en un bar no lejos del aeropuerto.

En mi reloj veo que son las 7 de la tarde y me entra un escalofrío.

-¡Pedro, que son las 7 y el avión sale a las 7 y media!

Salimos zumbando en el Buick y llegamos al aeropuerto, donde me están llamando por todos los altavoces:

Ultima llamada para el pasajero Bwana!

Logro pillar el avión por casualidad y me reciben las caras de pocos amigos  de los otros pasajeros. He tenido la suerte de que el piloto era el conocido de mi padre y ha demorado media hora la salida.

En el aeropuerto de Maiquetía me está esperando mi padre con el que gano muchos puntos cuando le hago una versión reducida de mis experiencias.

La siguiente semana me dedico a recapacitar. No me ha convencido demasiado la vida de crápula que quería experimentar y decido que será mejor transitar por ambientes más adecuados a la moral y buenas costumbres. Es cierto que he adquirido cierta técnica amorosa que puede servirme para el futuro, pero me siento  vacío en mi interior y, además, estoy algo inquieto por mi fracaso con México  Afortunadamente no le había hablado de mi viaje a Marta y la relación se irá enfriando hasta su total extinción. Muchas veces he pensado en lo que me hubiera deparado el destino si llego a realizar el proyectado viaje.

De cualquier manera, muy pronto me encontraré envuelto en las redes de un amor profundo y duradero y, además, plenamente satisfactorio. Pero ya trataré el asunto en la siguiente ocasión.

jueves, 1 de marzo de 2012

LA HABANA (1ª parte)

En marzo de 1952 realicé mi primer viaje fuera de Venezuela, desde nuestra llegada a este país en 1939. La idea era ir a Ciudad de México, pasarme allí un mes y conocer a Marta, con la que mantenía una relación por correspondencia desde hacía meses y había visto solo en fotografía. La chica escribía muy bien y parecía que teníamos las mismas aficiones. Una amiga de Baruta, Julia, había sido  compañera de curso de Marta en un colegio de Boston y, por lo visto, le había enseñado una foto mía y animado a que me escribiera. Esto lo descubrí posteriormente cuando Julia, me lo contó, agregando que Marta pertenecía a una familia muy acomodada de Mexico.

A mis 26 años y con casi diez de servicios en la Compañía Shell,  me pareció oportuno darme un buen garbeo por el norte y pasarme unos días con la bella Marta. Una vez tomada la decisión, encargué a una Agencia de Viajes que me preparara todos los papeles , saqué unos ahorros que tenía y embarqué en un Superconstellation de la Aeroportal Venezolana con destino a Ciudad de México.

El vuelo hacía escala en La Habana y la Agencia de Viajes me había recomendado pasarme un par de días en esa ciudad y proseguir luego con el vuelo La Habana/México.

Aterrizamos en Rancho Boyeros, aeropuerto de La Habana y, al pasar por el control de pasaportes, el funcionario me pide los papeles. Le entrego una carpeta con todo lo que me había dado la Agencia de Viajes y el fulano, después de mirar todos los documentos, me dice:

-Falta el permiso de entrada en Cuba.

-¿Cómo? Aquí está el sello de la embajada de Cuba en Caracas, le contesto.

-Me refiero a la carta solicitando la entrada en el país que debe enviarse a Gobernación.

Empiezo a ponerme nervioso y, tomando la carpeta busco en la carpeta, con cierto temblor de manos y no consigo encontrar el susodicho papel entre los muchos que contenía. Conozco las relaciones tirantes entre el gobierno de Pérez Jiménez y las autoridades cubanas, pero yo viajo con pasaporte español.

-Tendrá Ud. que acompañarnos al Ministerio para aclarar el caso.

En un autobús de la policía, junto a otros indocumentados, me trasladan a las dependencias oficiales, donde hay poca gente, por ser sábado, y allí me hacen esperar dos horas, hasta que aparece un funcionario agitando un papel:

-¡Aquí está su permiso, caballero!

Resulta que lo habían tramitado por telegrama, lo que era , por lo visto,  poco usual.

Por allí encuentro un taxi y le pido que me lleve al hotel que me había recomendado la Agencia de Viajes.

-Perdone, caballero, pero no creo que ese hotel le vaya a gustar. Le pasaré por delante para que lo vea, pero se trata de un “matadero”, me dice el taxista.

Efectivamente, el hotel recomendado tiene muy mala pinta, así que le pido  que me lleve al Hotel Malecón, que me ha sugerido y que resulta  aceptable. En cuanto me instalo adecuadamente, salgo a dar una vuelta por los alrededores para valorar el panorama. Pronto me asombro de la cantidad de mujeres guapas que circulan por la calle, contoneando sus cuerpos como si se tratara de las rumberas que tanto he admirado en el cine. Como se ha hecho de noche y no quiero sufrir una tortícolis, regreso al hotel.

Tiene un restaurante al aire libre y enseguida me atiende un camarero que resulta ser asturiano y con veinte años de residencia en La Habana. Mientras ceno el hombre se entera del motivo de mi viaje.

-Si quiere Ud mi opinión, yo no perdería el tiempo en México. La Habana y sus alrededores son realmente dignos de disfrutarse y más ahora que estamos en plenas Octavitas de Carnaval.

Le agradezco la sugerencia pero le digo que tengo un propósito romántico para mi viaje a México, aunque me gustaría aprovechar bien mi visita a Cuba.

-Pues le voy a recomendar que utilice uno de nuestros guías. Por un precio razonable lo llevan a Ud. a buenos sitios y lo recogen para volver al hotel. No tiene Ud. que preocuparse por nada y puede tomarse unas copas de más, si le apetece, que el guía lo traerá al hotel sin ningún problema.

Aceptada la proposición, el asturiano me presentó a Pedro Volta, un típico cubano, hablador y con  gran sentido del humor, que me tranquiliza sobre sus honorarios:

-Solo le cobraré lo que marque el taxímetro de mi Buick.

El Buick Super de Volta (tengo que comprarme uno igual)

Al rato salimos en dirección a Rancho Boyeros donde se encontraba  Casa Marina, lugar recomendado por Volta para buscar una acompañante.

Casa Marina era un lugar enorme, parecido a los clubs de alterne que abundan en España, pero tamaño king size. Volta me presenta a Marina, una mulata oronda de más o menos 50 años (una anciana, vamos), que me dice:

-¿Cuáles son sus gustos, caballero? Aquí tenemos muchas nacionalidades y razas.

-Pues me gustan delgadas y blancas, con perdón,  le contesto.

Enseguida me coloca en una de las mesas del local, pido un Old Parr con soda y empiezan a aparecer una serie de chicas tan agraciadas que me resulta harto difícil escoger una. Finalmente me decido por una cubanita llamada Carmen, que se sienta conmigo inmediatamente.

-¿A dónde podemos ir a bailar un rato? Le pregunto.

-El mejor club, Tropicana, está cerrado por reformas. Pero está el Sans Souci, que es muy bueno.

El casino-club Sans Souci

Pues nada, que llamo a Volta y nos lleva al club Sans Souci como de rayo y me encuentro ante un local magnífico, donde hay una zona de ruletas y otros jueguitos (que no me apetecen). Nos sentamos en la sala de baile, al aire libre, y Pedro Volta me indica que estará en una zona reservada a los choferes para cuando lo necesite.

La parte fetén de la foto ha desaparecido misteriosamente. Lo siento.

Empieza la orquesta a tocar el famoso SUN SUN BABAE y me sumerjo con la Carmen en la pista de baile, por cierto, llena de turistas americanos.

Sun Sun Sun, sun sun babae
Pájaro lindo de la madrugá




La chica baila de maravilla, parece una pluma en mis brazos. Yo hago uso de mis conocimientos del baile cubano, que no son pocos. Cuando descansa la orquesta, volvemos a nuestra mesa, donde nos esperan el whisky con soda para mí y una botella de Tres Cepas, la bebida favorita de estas gentes. El sistema de dejar las botellas en la mesa, para que uno mismo se sirva y cobrar al final según haya mermado la botella, nunca lo había visto y me gusta.

Creo que son las tres  de la madrugada cuando resolvemos marcharnos a un lugar más apropiado para lo que se presiente…

Por supuesto, Volta sabe el lugar adecuado para terminar la noche y allí nos lleva. Es un hotel en las afueras de La Habana, bastante majo y perfecto para la tarea. Se despide el guía, no sin antes dejarme su teléfono para llamarle cuando decida volver a mi hotel.

Ya ha amanecido cuando llamo a Volta, me despido de Carmen y me acuesto en mi habitación del Hotel Malecón. Volta me ha recomendado que me alimente bien pues esta noche vamos a repetir.